La naturaleza ha previsto esta situación y cuenta con unos estímulos que favorecerán el desarrollo adecuado: la respiración nasal, se instaura espontáneamente nada más nacer, y será un estímulo básico que favorecerá el desarrollo en anchura y longitud de las fosas nasales y del paladar. Si el niño abre la boca para respirar, los músculos de la cara se alargarán comprimiendo el maxilar superior por lo que no podrá crecer a lo ancho y probablemente se desarrollará una mordida cruzada.

La lactancia materna tiene como objetivo corregir la posición de la mandíbula, supone un gran esfuerzo para el bebé, ya que avanza la mandíbula, mete la lengua por debajo y exprime el pecho, fatigándose hasta quedar dormido. Esto a la vez, genera una potencia muscular que nos valdrá para masticar y triturar alimentos, siendo muy beneficioso para el desarrollo fisiológico de la boca. La lactancia artificial facilita enormemente el trabajo que supone para el bebé la lactancia materna, y se alimenta con poco esfuerzo, no se cansa tanto y pedirá con más fuerza el chupete o el dedo.

En estas dos situaciones anteriores la musculatura masticatoria no se desarrollará igual. Con lactancia artificial será más frecuente una musculatura menos potente y un desarrollo los huesos de la cara. Una musculatura masticatoria potente, constituirá el tercer pilar esencial para el desarrollo bucal, ya que si el niño mastica alimentos duros y fuertes, creará unos huesos grandes (maxilar y mandíbular).

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