¿Qué es tener una buena oclusión o una buena mordida? Descubre cómo es la tuya.

Lo hacemos todos los días y, sin embargo, no reparamos en la forma en la que masticamos. Probablemente porque es una acción tan repetitiva que ni pensamos en ella. Y tú, ¿sabes cómo muerdes?  

Por si no lo conocías, existen las oclusiones correctas y las oclusiones incorrectas. La mordida, además de ofrecer una bonita sonrisa, influye en el desarrollo de la dentadura, su desgaste y, por supuesto, en cómo comemos y digerimos los alimentos. Por ello, la maloclusión es un problema tan importante que la OMS la ha catalogado como la tercera afección bucodental a nivel mundial, solo por detrás de la caries y la gingivitis.

¿Qué es la maloclusión dental?

La maloclusión es una irregularidad en la unión entre los dientes superiores e inferiores. Es decir, cuando al cerrar la mandíbula las piezas dentales no encajan adecuadamente entre ellas.

Esta patología se genera debido a una incorrecta evolución de las arcadas dentales provocada por:

  •  Factores genéticos hereditarios.
  • Epigenética. Si la genética nos hace comprender que nuestro destino como seres vivos está definido antes de nuestro nacimiento, la epigenética ha venido a demostrarnos que lo que está escrito se puede cambiar. Nuestro estilo de vida actual favorece una pobre estimulación de los huesos maxilares. Tomamos biberones desde el primer momento de vida y se nos alimenta con potitos. La dieta habitual es comida muy procesada (blanda), pan blanco, zumos de frutas azucarados o bebidas carbohidratadas, verduras en conserva, bocadillos, carne congelada, comida calentada en microondas, bollería industrial…
  •  Obstrucción nasal crónica o respiración bucal.
  •  Una mala posición de la lengua ejerciendo presión sobre los dientes.
  • Malos hábitos durante la infancia como chuparse el dedo, morder objetos, un excesivo uso del chupete
  • Una pérdida prematura de piezas dentales por incorrectos hábitos de higiene oral o presencia de caries no tratadas en dentición infantil por la creencia de que son dientes que al cambiarse no necesitan cuidarse.
  •  Defectos congénitos.

Maxilares, la plataforma de los dientes

Es una dolencia muy extendida entre los jóvenes, estimándose que el 75% de los niños y adolescentes presentan algún grado de maloclusión y un 37% sufre trastornos severos.

Comienza durante los primeros años del niño y se agrava si no se pone remedio según va creciendo, al derivar en un desarrollo inadecuado del maxilar y la mandíbula.

Y es que los huesos maxilares son como una plataforma sobre la que crecen los dientes, cuando esta no tiene el tamaño correcto o está deformada, los dientes no pueden salir rectos. Es como si la mandíbula y el maxilar fueran los escalones de hormigón sobre los que se montan los asientos de un estadio. Si el cemento está deformado o las hileras son demasiado pequeñas no hay manera de que esos asientos queden alineados, por lo que acabarán amontonados y generando ángulos extraños.

Consecuencias de una mala mordida:

  •  Apiñamiento dental.
  • Dientes desviados o que sobresalen unos sobre otros.
  • Dientes rotados.
  • Problemas digestivos al no poder masticar la comida adecuadamente en pequeños trozos. Se traga la comida casi sin masticarla.
  • Bruxismo o rechinar de dientes.
  •  Alteraciones en la fonación al incidir la mandíbula directamente en el habla y la vocalización.
  •  Enfermedades gingivales al presentar más dificultades para llevar una buena higiene dental.
  • Impactación de las muelas del juicio.
  • Dolores de cabeza, cuello y oído por la sobrecarga en la articulación temporomandibular.
  • Desgaste dental prematuro del borde de los incisivos al sonreír.
  • Desgaste dental de los molares que facilita el apretamiento dental. 

Algunos números hablando de maloclusiones:

  •  El 75% de los niños entre 6 y 11 años presentan algún grado de maloclusión.
  •  El 89% de los adolescentes entre 12 y 17 años presentan algún grado de maloclusión.
  •  El 65% de los adultos presentan algún grado de maloclusión, incluidos aquellos que ya han sido objeto de tratamiento con ortodoncia.
  •  Las bocas están tan poco desarrolladas que no caben los 32 dientes en el 90% de los adultos si no se hubieran tratado previamente con ortodoncia.

Una dieta accidental de oxígeno

Encontramos una obstrucción nasal crónica en el 40% de las personas debido al pobre desarrollo de los maxilares. Por ello presentan unas cavidades nasales y sinusales pequeñas que facilitan un predominio de la respiración bucal.

Una mala respiración facilita que la persona tenga un tabique nasal más estrecho y desviado y un paladar más alto de lo común. Estas secuelas obstruyen los conductos nasales, una parte de las vías respiratorias esencial para la oxigenación, y perpetúan que el paciente deba respirar aún más por la boca.

Dicha inhalación bucal provoca que el aire que llega a los pulmones sea más seco, no esté filtrado y carezca de óxido nítrico, un gas que se genera en los senos nasales y aumenta la absorción del oxígeno en los pulmones. Es decir, el cuerpo se ve privado del volumen y la calidad del oxígeno que debería recibir, originando daños en los músculos cardiacos y el tejido cerebral y llegando a afectar a cada una de las células del cuerpo.

Por el contrario, un conducto nasal normal ralentiza el flujo del aire permitiendo que este se caliente, se humidifique y se mezcle con el óxido nítrico. Por eso debemos asegurarnos de que las vías respiratorias están fortalecidas y reforzadas incidiendo siempre en la respiración nasal y ejercitando la posición de la lengua para obtener la cantidad necesaria de oxígeno.

Estadísticas de las maloclusiones

La mayor parte de la población presenta alguna dificultad respiratoria. Esto genera, igual que ocurre con el maxilar, que la mandíbula influya en la correcta entrada del aire. Conforma el entramado de las vías respiratorias inferiores mediante el paladar blando y la parte trasera de la garganta y lo que, posiblemente, sea más importante: el hueco donde descansa la lengua como en una hamaca.

 

La lengua está formada por un grupo complejo de músculos conectados con la mandíbula, el paladar blando y el hioides, un hueso parecido a una herradura que está en la parte delantera del cuello. Estos músculos sirven de soporte a las vías respiratorias.

Así, cuando la lengua se halla en reposo, esta debe descansar sobre el techo de la boca de modo que las vías respiratorias se mantengan abiertas. Pero cuando el paladar es estrecho y la lengua cae y descansa en la base de la boca, los músculos no son capaces de mantener los conductos respiratorios tan despejados como deberían. Es habitual que muchas personas presenten en la lengua marcas de los dientes, reflejo de una boca pequeña.

 

Conjuntamente, cuando el paladar es estrecho también queda menos espacio en la mandíbula presentado dientes apiñados o falta de espacio para las muelas del juicio. Por lo tanto, también queda menos hueco para la lengua, lo que incide en que su posición sea aún peor cayendo hacia la garganta en lugar de mantenerse en el techo del paladar, reduciendo su tono muscular.

 

Una lengua insuficiente en tono muscular bloquea las vías respiratorias y obstruye la respiración privando a los pulmones de oxígeno. Esto se agrava al acostarnos. Tumbados la gravedad provoca que la lengua caiga más. Esto conduce en muchos casos a un atragantamiento nocturno crónico llamado ronquido (en casos leves) y apnea del sueño (en casos graves).

 

Una mala respiración por la noche genera alteración del sueño o del descanso. A raíz de ello, es más habitual presentar somnolencia, mayor dificultad de concentración y de atención en el trabajo o la escuela.

 

Estadísticas del atragantamiento nocturno:

  •  El 45% de los adultos roncan.
  •  Un 25% de los adultos mayores de 30 años en USA se asfixian con las apneas del sueño.
  •   El 80% de los casos moderados de apnea no se diagnostican.
  •   El 75% de los pacientes con insomnio crónico a los que se les ha recetado medicamentos para dormir sufren dificultades respiratorias y no un problema psicológico, agravando incluso la medicación el insomnio (estudio de la clínica Mayo, USA). 

¿Cómo saber si tienes una buena mordida?

La oclusión perfecta existe. A veces es difícil de encontrar, pero los profesionales la conocemos como la mordida de Clase I. Esta se produce cuando los dientes superiores encajan con los inferiores con total corrección. O lo que es lo mismo, cuando las puntas de los molares se hunden en los surcos de sus opuestos. En una mordida acertada, la mandíbula se encuentra centrada y todos los músculos, ligamentos y tejidos bucofaciales están equilibrados.

Puedes comprobar si tu mordida o la de otra persona es correcta abriendo los labios con los dedos mientras las mandíbulas sigan cerradas. Primero observa si los dientes superiores tapan ligeramente a los de la parte inferior. Si es así, vamos bien, pero ahora hay que fijarse un poco más. Empieza por los incisivos superiores: estos deben tapar como máximo un tercio de los inferiores y ver si la línea media entre ellos coincide.

Después determina si la cúspide de los caninos superiores queda entre la línea imaginaria del canino inferior con el primer premolar. Y, por último, mira si el primer molar superior tiene su cúspide sobre la fosa del primer molar inferior.

Si has verificado que la oclusión se ajusta a estas directrices: ¡Felicidades! ¡Es una mordida perfecta!

Y si no estás seguro de cómo hacerlo o has visto alguna incorrección, visítanos en la Calle de Bustamante 45, 1ºG, de Madrid. Y recuerda que también puedes pedir cita llamándonos al número de teléfono 915 27 29 16.

Tipos de maloclusión

La maloclusión se clasifica en diferentes tipologías dependiendo de sus características y el nivel de complejidad de las mismas:

  • Clase II: Los caninos y molares de la arcada inferior están más retrasados que los de la superior.
  • Clase III: La mandíbula inferior está adelantada con respecto a la superior, presentando una mordida invertida.
  • Mordida cruzada: Los dientes superiores se sitúan por dentro de los inferiores. Suele deberse, principalmente, a unos maxilares estrechos.
  • Mordida de tijera: Las cúspides de los molares superiores quedan por fuera de los molares inferiores, sin entrar en contacto.
  •  Mordida abierta: Al masticar, los dientes superiores e inferiores no llegan a chocar, dejando un hueco entre ellos, que ocupa la lengua.
  • Mordida borde a borde: El contacto entre ambos incisivos se produce en los bordes de las piezas.
  •  Sobremordida: La arcada superior sobrepasa más de la mitad a la inferior.

Soluciones contra la maloclusión

En primer lugar, es necesario evaluar cada caso de manera particular y personalizada. Si bien pueden utilizarse carillas de porcelana y coronas dentales cuando exista un gran desgaste de los dientes, el tratamiento más común para hacer frente a la maloclusión es la ortodoncia, con el fin de ir recolocando las piezas dentales de manera progresiva.

Dentro de esta opción, en Clínica Pedroche contamos con Orthotropics, una técnica mínimamente invasiva que se recomienda, sobre todo, durante el crecimiento del niño al favorecer su desarrollo óseo y muscular.

En un adulto se consigue la expansión mediante remodelación alveolar y de las suturas palatinas. La velocidad de expansión varía en función de cada persona. En nuestros pacientes hemos pasado de una media de paladar de entre 28-32mm a 38-44mm (si lo medimos entre primeros molares). Significa más espacio para la lengua, más vía aérea y estéticamente una sonrisa espectacular en forma de U abierta.

Su uso incluye aparatos removibles que resultan invisibles al situarse dentro de la mandíbula y en el paladar. Se complementa con ejercicios posturales, de respiración y de deglución. Gracias a Orthotropics la boca se corrige de forma natural y gradual, eliminando el paladar estrecho y el apiñamiento dental, modificando los maxilares y descongestionando las vías respiratorias para brindar una buena respiración nasal.

Si aún te queda alguna pregunta acerca de la maloclusión o quieres saber más sobre nuestro método de Orthotropics, no dudes en ponerte en contacto con nosotros. Estaremos encantados de atenderte.

Desarrollo

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