Debemos procurar que nuestros hijos desde bebés respiren por la nariz y mantengan los labios unidos tanto como sea posible. Las ventajas de la respiración nasal es que el aire se filtra a través de los pulmones, por lo que la oxigenación del cuerpo comienza en la mucosa de la nariz y se inicia el intercambio de gases. El aire que pasa por la nariz favorece la mezcla adecuada con el óxido nítrico. Este hace que los pulmones se dilaten mejorando así el proceso de absorción del oxígeno. La nariz está diseñada para evitar la deshidratación y mantiene una temperatura del aire, compatible con la temperatura interna del cuerpo. Por último, depura el aire y elimina la suciedad.

Sin embargo, la respiración bucal tiene diferentes consecuencias que se caracterizan por:

  • Arco dental superior estrecho.
  • La lengua nunca descansa en el paladar.
  • Maxilares superiores pequeños y hacia atrás.
  • Aumento de caries.

En una boca sana, el maxilar superior debería ser más grande que el inferior para que los dientes superiores coincidan fuera de los inferiores. Si el maxilar superior es estrecho, la mordida no produce el contacto ideal entre los dientes. Las personas que respiran regularmente por la boca, tienen mayor propensión a desarrollar problemas respiratorios futuros como la apnea del sueño, ya que cuanto menor sea la vía aérea, menos espacio hay para que el aire pase a los pulmones.

Los signos orales de la respiración por la boca y el empuje de la lengua son:

  • Paladar estrecho.
  • Mordida abierta.
  • Encías hinchadas.
  • Mal aliento.
  • Amígdalas grandes.

Y los signos faciales son:

  • Cara alargada.
  • Mandíbula inferior protuberante y en retroceso.
  • Mordida cruzada.
  • Bolsas profundas debajo de los ojos.
  • Asimetrías dentales y faciales.

La mejor forma de prevenir estos síntomas si los vemos en nuestros hijos o en nosotros mismos, es ir al dentista y ortodoncista especializado en vía aérea y establecer buenos hábitos para corregir los daños.