Sin embargo, que no le prestemos atención no significa que no podamos concentrarnos en ella o incluso controlarla. Simplemente, hemos dejado de darle la importancia que se merece. La cantidad de personas con problemas respiratorios que hay en la actualidad no es solo consecuencia de la contaminación de nuestras ciudades, sino también de que respiramos mal.

Varias investigaciones estiman que el 90% de la población respira de forma incorrecta, lo que causa o agrava trastornos como el asma, la ansiedad, el déficit de atención, la hiperactividad o la psoriasis. Enfermedades que podrían reducirse o sanarse cambiando la manera en la que se inspira y se expira. Y no solo eso porque una buena respiración también es capaz de rejuvenecer el cuerpo y acabar con otros problemas como la apnea del sueño, los ronquidos, el estrés, los dolores de espalda…

 

La revolución de la respiración

En Clínica Pedroche sabemos la importancia que tiene la respiración en nuestro bienestar general. Desde que pusimos en práctica la metodología de Orthotropics hemos complementado esta innovadora técnica de desarrollo natural de la boca con ejercicios de respiración, postura y deglución.

Más concretamente se llaman Buteyko y Gopex y ayudan a nuestros pacientes a realinear su postura corporal, haciendo especial hincapié en el cuello y la columna, y a corregir la deglución y la posición de la lengua para una correcta respiración. Todo pensado y diseñado con el objetivo de mejorar considerablemente su calidad de vida.

Ahora, cada vez son más los expertos que apuntan a que la respiración es la próxima revolución dentro del bienestar y la salud personal. Algo que en esencia ya se viene estudiando y promoviendo en disciplinas como el yoga.

No obstante, la correcta respiración ha tomado en los últimos años un cariz mediático gracias a la publicación de diversos libros que ayudan a aprender a respirar. Uno de los más famosos es Respira: la nueva ciencia de un arte olvidado del periodista James Nestor, el cual se ha convertido en un best seller al otro lado del Atlántico tras vender más de medio millón de ejemplares en Estados Unidos. Pero no es el único pues también existen otros como Breath Taking del neumólogo Michael J. Stephen o El método Zero Training de la profesora de yoga Tomomi Ishimura.

A pesar de ser publicaciones recientes, las prácticas y teorías que exponen no son nuevas. En absoluto. En realidad fueron descubiertas y documentadas hace siglos por diferentes culturas orientales para después ser olvidadas.

 

Involución respiratoria

¿Pero cuándo empezamos a respirar mal? Para responder a esta cuestión hay que remontarse al principio de los tiempos, ya que mientras el hombre evolucionaba su respiración involucionaba. Hace 1,7 millones de años, los Homo habilis tenían grandes bocas y anchas vías respiratorias. No necesitaban respirar por la boca y sus conductos aéreos no se bloqueaban con facilidad. Probablemente aquellos seres humanos primitivos nunca padecieron de apneas del sueño, sinusitis, ronquidos, asma u otras afecciones semejantes. ¡Incluso tenían los dientes rectos sin ir al dentista!

Pero con el desarrollo de la agricultura se inició el cambio de una vida nómada, con una alimentación de subsistencia basada en un trabajo muy fuerte de los dientes y maxilares, a una vida más sedentaria con el desarrollo del procesamiento de la comida. Esta alteración generó una modificación a una dieta más blanda que disminuyó el trabajo masticatorio.

Desde el Homo erectus al Homo sapiens (nosotros) las caras se fueron acortando y la boca y la nariz empequeñeciendo. Y a medida que los humanos fuimos desarrollando la comunicación nuestra laringe descendió y se volvió menos eficiente para cumplir su objetivo, obstaculizando la garganta y dificultando la respiración.

Cuanto más se cocinaba y más comida blanda se consumía, más estrechas se volvían nuestras vías respiratorias. Algo que se acentuó a partir de la Revolución Industrial y que ha derivado en un mayor decrecimiento de la parte delantera de nuestro cráneo. Cada vez tenemos caras más pequeñas y narices más perfiladas, haciéndonos más propensos a respirar por la boca.

 

Masticar y respirar, acciones unidas

Sin embargo, esta involución no fue tanto por lo que comíamos, sino por cómo lo comíamos. Esos alimentos blandos debilitaron el cráneo por la falta de presión muscular al masticar. Antes se masticaba mucho más, durante varias horas al día. Un ejercicio que daba como resultado bocas y dientes más fuertes y gargantas y caras más anchas y pronunciadas. Esto, a su vez, causaba vías respiratorias más grandes.

No podemos deshacer el camino que ha realizado la genética, pero sí podemos remediarlo en cierta medida. Por eso, se recomienda incluir más alimentos duros y crudos que requieran de una mayor masticación para ensanchar el tamaño y la forma de nuestra boca. Conjuntamente, hay que masticar bien cada bocado y no solo para mejorar la digestión, sino también porque mientras se mastica se respira más hondo por la nariz, se promueve la respiración nasal y se oxigena el organismo produciendo una mayor sensación de bienestar.

 

¿Cómo respirar correctamente?

Si queremos estar más sanos tendemos a controlar nuestra dieta, a hacer más deporte o a revertir ciertos comportamiento insanos. Pero, curiosamente, casi nadie se fija en la respiración cuando por nuestros pulmones pasan 13,5 kilos de aire al día. Merece la pena respirar bien.

Existen multitud de fórmulas, algunas complejas, pero respirar bien está al alcance de todos. En definitiva, para hacerlo correctamente se debe respirar profundo (con el diafragma), despacio (haciendo menos inhalaciones y exhalaciones por minuto) y en menor cantidad (tomar más aire no significa oxigenar mejor el cuerpo).

Es importante destacar que debemos hacer exhalaciones más largas. Tendemos a inhalar mucho y exhalar poco, por lo que solo se ejercita, y a la larga se desarrolla, una pequeña parte de la capacidad pulmonar. Extender las exhalaciones sacando todo el dióxido de carbono mueve el diafragma y moviliza los músculos adyacentes. Esto es muy útil dado que con la edad tendemos a perder elasticidad pulmonar y gracias a esta práctica se ralentiza el proceso natural de envejecimiento.

Así, la mejor respiración es aquella que equilibra la inhalación y la exhalación con procesos lentos y controlados de 5,5 segundos de toma de aire y otros 5,5 segundos de suelta. Hay que respirar menos, pero respirar mejor.

 

Respirar por la boca, un mal hábito.

Los cada vez más extendidos problemas respiratorios junto con la obstrucción nasal y la falsa creencia de que es indiferente respirar por la nariz o la boca han hecho que casi la mitad de la población respire bucalmente de modo usual. Un mal hábito que genera fatales consecuencias como:

  • Apneas del sueño.
  • Ronquidos.
  • Problemas de coordinación o atención por la mala oxigenación cerebral.
  • Dolores corporales por la falta de oxígeno en los músculos.
  • Alergias.
  • Boca seca, lo que conlleva la posibilidad de desarrollar caries y gingivitis.
  • Problemas de deglución.
  • Maloclusión.
  • Mal aliento (halitosis)
  • Fatiga crónica.

Respirar siempre por la nariz

Por todo ello, uno de los mayores consejos que se ofrecen es una obviedad: hay que respirar por la nariz. ¡Siempre por la nariz! Así el aire es capaz de llenar por completo nuestros pulmones, mientras que, por el contrario, al hacerlo por la boca el aire solo llega a la parte superior.

Beneficios de respirar por la nariz:

  • El cuerpo se oxigena mejor y se aumenta el rendimiento físico y mental.
  • Reduce la tensión arterial.
  • El vello y las mucosas nasales limpian el aire inhalado atrapando el polvo y los gérmenes.
  • Mantiene el equilibrio entre el oxígeno y el dióxido de carbono en la sangre.
  • Mejora la función cardiovascular.
  • Beneficia la relajación y el descanso, mitigando los efectos del estrés o el nerviosismo.
  • Ayuda al buen funcionamiento del metabolismo.

Técnicas de respiración

Se puede dominar el arte de respirar mediante la práctica de diversas técnicas que ayudan a aprender e integrar en el día a día la forma más óptima de respiración controlada. Con un dominio exhaustivo se puede reducir la frecuencia cardíaca y el estrés, contener la ansiedad, incrementar el número de glóbulos rojos favoreciendo la eliminación de toxinas o mejorar la capacidad del cuerpo para asimilar los alimentos, además de corregir malas posturas corporales.

Esto es debido a que muchos trastornos ocurren cuando uno está estresado, como las taquicardias o una presión arterial alta. Alteraciones que disminuyen a medida que se respira profundamente y el cuerpo se relaja.

Por eso el nuevo salto saludable que debemos realizar es redescubrir la respiración como el normalizador y el equilibrio de nuestro ser que ha sido siempre. La respiración no nos ha abandonado, hemos sido nosotros los que la hemos apartado de nuestra conciencia. Recuperar el arte de la respiración nos hará más sanos y con menos problemas respiratorios y dentales.