Estamos diseñados para respirar exclusivamente por la nariz, ya que en ella existen filtros especiales que detienen muchos gérmenes y partículas nocivas que están en el aire e impiden que entren en nuestro organismo. En cambio, al respirar por la boca, el polvo y las bacterias ingresan directamente en nuestro sistema.

La respiración nasal filtra el aire a través de los pulmones, la oxigenación del cuerpo comienza en la mucosa de la nariz y se inicia el intercambio de gases. El aire que pasa por la nariz favorece la mezcla adecuada con un gas con increíbles propiedades vasodilatadoras: el óxido nítrico. El óxido nítrico hace que los pulmones se dilaten mejorando así el proceso de absorción del oxígeno, fundamental para todos los órganos. Depura el aire y elimina la suciedad reteniendo las partículas. La nariz está diseñada para evitar la deshidratación y mantiene una temperatura del aire, compatible con la temperatura interna del cuerpo.

Existe un patrón dental asociado con la respiración bucal que se caracteriza por: arco dental superior estrecho, la lengua nunca descansa en el paladar, maxilares superiores pequeños y hacia atrás y aumento de la incidencia de caries.

Si una persona respira por la boca, la lengua no descansa en el techo de la boca e interrumpe el flujo de aire, originando en mal hábito de mantener la lengua entre los dientes para poder respirar. Si esta forma de respirar se mantiene en el tiempo, la mandíbula se verá afectada, no desarrollándose correctamente.

En una boca sana, el maxilar superior debería ser más grande que el inferior para que los dientes superiores coincidan fuera de los inferiores. Si el maxilar superior es estrecho, la mordida no produce el contacto ideal entre las piezas dentales.
Las personas que respiran regularmente por la boca, incluyendo los niños, tienen un retroceso en la posición del maxilar superior dentro de la estructura craneal y restringen en mayor o menor grado la vía aérea, por lo tanto, aumenta su propensión a desarrollar problemas respiratorios futuros como la apnea del sueño ya que cuanto menor sea la vía aérea, menos espacio hay para que el aire pueda pasar a los pulmones.

Los signos orales de la respiración por la boca y el empuje de la lengua son un paladar estrecho y profundo, una mordida abierta, encías hinchadas, mal aliento y amígdalas grandes. Los signos faciales son una cara alargada, mandíbula inferior protuberante, mandíbula inferior en retroceso, mordida cruzada, bolsas profundas debajo de los ojos, asimetrías dentales y faciales.

Si observamos estos síntomas en nosotros o nuestros hijos, es importante acudir a un dentista u ortodoncista especializado en vía aérea es la única forma de prevenir, establecer buenos hábitos y corregir los daños que ya están debido a una respiración inadecuada.