Cuanto antes se empiece con la higiene oral, menores son las probabilidades de que el niño desarrolle caries. El cuidado de la boca del niño es responsabilidad de los padres, al menos hasta que el niño adquiera el hábito. Se considera que el niño es autónomo a partir de los 7 – 10 años y a partir de este momento y hasta la adolescencia, es recomendable una supervisión en el cepillado nocturno.

La mejor forma de conseguir una buena higiene es por imitación, por ello desde los 18 meses el niño debe de jugar con su cepillo y morderlo, mientras padres o hermanos se cepillan los dientes para que se acostumbre a esta rutina diaria.

Las muelas (piezas posteriores) recién erupcionadas, sean de leche (erupcionan del año y medio a los dos años y medio) o definitivas (erupcionan a los 5-7 años), son más susceptibles a sufrir deterioro por caries. Por ello es esencial limpiar las superficies oclusales de las muelas que son las que trituran los alimentos. Posteriormente también hay que poner atención si quedan restos entre medias de las mismas para que no se hagan caries entre dos dientes que sólo se verán con radiografías o cuando el deterioro sea muy grande, por lo que se romperán y los padres apreciaran a simple vista el enorme agujero.

La higiene bucal debe realizarse después de cada comida, pero a veces es difícil en nuestro rutina diaria hacerlo, recomendamos seguir las pautas expuestas sino en cada comida, al menos todas las noches antes de acostar al niño, para con paciencia, dedicar
el tiempo necesario para una limpieza adecuada.

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