Los seres humanos modernos, los Homo Sapiens, nos distinguimos por un atributo que no tienen nuestros familiares primates: la barbilla. Pero, ¿por qué nos distinguimos con este rasgo único? ¿cómo surgió? Los científicos llevan más de un siglo preguntándoselo y existen varias teorías.

Una de las teorías es la selección sexual, es lo más obvio, si tienes una barbilla prominente aumenta más tu atractivo. Pero una característica física, necesita una función previa antes de tener valor estético.

Otra teoría tiene que ver con el proceso de masticación. La fuerza de la masticación podría aumentar la masa ósea y producir así la barbilla, parecía también razonable, pero deja de ser cierta ya que los Neardentales y otros primates que no tienen barbillas prominentes, tienen una fuerza de masticación mucho más fuerte que la de los humanos.

MÁS TRANQUILOS Y COOPERATIVOS

Para resolver este enigma, el antropólogo Nathan Holton de la Universidad de Iowa, ha liderado una investigación que sugiere que la barbilla resultó de una adaptación evolutiva que involucra el tamaño y la forma de la cara, posiblemente vinculada a los cambios en los niveles hormonales al tiempo que nos volvimos seres más sociables.

Utilizando avanzados análisis biomecánicos faciales y craneales en unas 40 personas, concluyeron que las fuerzas mecánicas (incluyendo la masticación), parecen incapaces de producir la resistencia necesaria para crear un hueso nuevo en la mandíbula inferior. Parece que la barbilla emergió de una geometría simple: a medida que nuestros rostros se volvieron más pequeños, el mentón se convirtió en una prominencia ósea, un emblema puntiagudo adaptado a la parte inferior de la cara.

Los antropólogos creen que el mentón humano es una consecuencia secundaria de nuestro estilo de vida que evolucionó con los humanos modernos a cazador-recolector, y tuvieron que aprender a cooperar, intercambiar, establecer alianzas, aumentando así su seguridad y tranquilidad. El cambio de actitud llevó a reducir los niveles hormonales de testosterona y derivó cambios notables en la región craneofacial masculina: el rostro se hizo más pequeño, un cambio fisiológico que crea una oportunidad natural para que aparezca el mentón humano.