La mayoría de las veces que visitamos a un dentista pensamos en hacernos una limpieza de boca y revisar si hay caries. Esto es lo correcto, ya que por muy buena higiene que se tenga hay recovecos a los que no logramos acceder y que necesitan un mantenimiento más especializado.

Es importante realizar una limpieza de boca anual. Si bien es un tratamiento un poco molesto, realizado con atención y cuidado por personal cualificado, como son las higienistas dentales, permite, en tan solo 20 o 30 minutos llegar a las zonas de difícil acceso y mantener limpios todos los dientes.

Es frecuente, por ejemplo, que se deposite sarro en los incisivos inferiores. Por suerte, es una situación reversible con una limpieza bucal.

Si las encías sangran al cepillarse o espontáneamente es porque están inflamadas. Se trata de un aviso de que la boca necesita una limpieza más exhaustiva. Si aun con la limpieza no desaparecen el sangrado y la inflamación de las encías, tres semanas después es posible que sea necesaria una limpieza más profunda de la encía, lo que se conoce como raspado.

El sarro provoca inflamación gingival y con el tiempo pérdida irreversible de hueso y encía, por lo que los dientes empezarán a moverse.

Los empastes son necesarios cuando una muela se deteriora (tiene caries). El tejido dañado se elimina bajo anestesia y se recompone con materiales blancos. En los adultos aparecen más lentamente, durante los años de uso y, sobre todo por empaquetamiento de comida entre los dientes, que provocan caries que no se ven hasta que son muy grandes o cuando aparece dolor. Para diagnosticarlas en las revisiones anuales haremos radiografías “aletas”, con el fin de evitar que las caries sean visibles cuando han socavado la el diente, momento en el que su arreglo resulta más complejo.

Cuando una boca ha recibido tratamientos más específicos, la pauta de revisión es diferente. Tras un raspado de encías se revisará cada tres o seis meses. Si lleva implantes, una o dos veces al año para limpieza y control del implante. Si ha llevado ortodoncia, la revisarán cada seis meses durante los dos primeros años, tras finalizar el tratamiento con aparatología.

El dentista hará una inspección en las revisiones que va mucho más allá de si hay caries y su higiene: analizará la función de su boca, que igual que la espalda, se adapta al trabajo que realiza y crea compensaciones, que se instauran desde niños, pudiendo generar problemas periodontales, musculares o articulares que se diagnostican de adultos.

Periodontitis por mala función masticatoria

Una boca que mastica bien se desgastará homogéneamente y los dientes serán fuertes por muchos años. Si por el contrario, masticamos siempre por un lado, con el paso del tiempo, los dientes de ese lado sufrirán más caries, tendrán un desgaste mayor y se dañará más la encía de algunos de ellos por sobrecarga masticatoria. El envejecimiento en este caso será desigual. Por ello, en ocasiones será recomendable desgastar algunos puntos de los dientes para reequilibrar la boca. Otras veces puede ser necesario confeccionar una férula de descarga para desequilibrios mayores. También puede ser necesario colocar un aparato de ortodoncia para lograr equilibrio cuando las alteraciones son importantes.