Para lograr un desarrollo adecuado de la boca es muy importante que el niño adquiera el hábito de la respiración nasal. Al nacer lloramos y empezamos a respirar por la nariz, el aire que entra excita unos receptores neurales que informan al cerebro de las condiciones del aire. Nuestro cuerpo genera una determinada respuesta de ventilación pulmonar que permite oxigenar bien el organismo.

Una buena respiración genera un movimiento torácico amplio, crea una buena ventilación y tamaño de los senos maxilares y ensancha las fosas nasales y el paladar, que está justo debajo. La respiración nasal es un estímulo que actúa de forma continua desarrollando favorablemente la cara.

Los niños que sufren bronquiolitis repetitivas u otras obstrucciones abrirán la boca para respirar mejor, les resultará más fácil al ser un camino más corto el que recorre el aire hasta los pulmones. Cuando se cure, puede que recupere la respiración nasal o puede que al haber descubierto un vía más corta de paso de aire siga respirando por la boca, por lo que ya no aprenderá a respirar por la nariz. Tras instalarse la respiración bucal, ya creado un circuito neural patológico por supervivencia, es muy difícil, y cuanto más tiempo pase más difícil recuperar el camino adecuado.

En respiradores bucales se pierde la excitación neural que genera la entrada de aire y no se desarrollan las fosas nasales y senos maxilares ni el paladar convenientemente. El niño sufrirá amigdalitis de repetición, adenoides y desviación de tabique, consecuencias de la respiración bucal.

Consecuencias de la respiración bucal para el crecimiento de la cara

– Al situar la lengua más baja hacia la mandíbula y no apoyarse sobre el paladar, no se desarrollará ni hacia delante ni a lo ancho, o crecerá menos que la mandíbula. Resultará muy estrecho u ojival, favoreciendo la creación de una mordida invertida o cruzada.

– La mandíbula tenderá a crecer más que el paladar, los dientes inferiores estarán en línea con los superiores (mordida borde a borde) o por delante (mordida invertida). No se desarrollará una mordida equilibrada. La mandíbula es la parte móvil de la articulación masticatoria por ello al cerrar debe ser recogida por el maxilar, que absorbe la fuerza que generamos al morder fuerte y la distribuye hacia arriba por la cabeza.

El labio superior quedará hundido respecto a la nariz. La cara tendrá un perfil protrusivo quedando el labio inferior por delante del superior.

Respirar con la boca abierta exige cambiar la posición de la lengua para que pueda entrar aire. La lengua se situa más abajo, no se apoyará en el paladar y empujará la mandíbula, que crecerá mucho hacia delante. La estimulación que crea la respiración es tan grande que en ocaciones puede cruzar la mordida, que sumado al estímulo nocivo de la masticación, agrava aún más el crecimiento desproporcionado mandibular.