El hábito de chuparse el dedo es común en muchos niños, por eso debemos comprender lo difícil que puede ser para nuestros hijos abandonarlo y trasladarles que se trata de algo nocivo para el desarrollo de su boca.

Es posible que alguna vez hayas visto una ecografía de un bebé que ya en el vientre de su madre se está chupando un dedo. Como todo lo que no entendemos, se explica de múltiples maneras (apetito, satisfacción, consolación, etc.).

El bebe ya nacido, tiene un reflejo de succión por el que es capaz de alimentarse. Con lactancia artificial (biberón), el bebé no se fatiga y es más fácil que busque la estimulación que necesita el sistema masticatorio con el uso del chupete. En ocasiones conoce el dedo y de forma accidental empieza a usarlo como un chupete al que puede recurrir a su antojo. En estos casos rechaza el chupete, y el hábito de chupar el dedo resulta mucho más difícil de eliminar que el de succionar el chupete.

¿Cómo eliminar el hábito de chupar el dedo?

Si el niño empieza a chuparse el dedo muy pequeño, es posible conseguir que con un año o año y medio lo abandone con nuestra ayuda. Para eso, vendaremos el dedo con una gasa dándoles muchas vueltas para que sea un vendaje grueso y lo rodeamos con esparadrapo, entorno a todo el dedo. Como será capaz de arrancar el vendaje, lo podemos poner rodeando toda la muñeca y volver a ponerlo en caso de que se lo quite. En una semana es posible que se canse y duerma repetidamente sin él, hasta que espontáneamente no lo busque más.

Existen productos en farmacia de sabor desagradable para aplicar sobre el dedo. También se puede coser la manga del pijama a la cintura para bloquear el movimiento del brazo y que no llegue el dedo a la boca. Podemos probar cualquiera de estas formas, aunque en mi experiencia la opción de la gasa suele ser más eficaz.

Reforzar su esfuerzo y darle nuestro apoyo es esencial. Nos podemos apoyar en un cuadro de los días de la semana, hará que vayamos logrando al principio que un día de los siete al menos consiga no chuparse el dedo y le compensemos por su esfuerzo. Luego conseguirá logros más significativos. Habremos de apostar por la imaginación para encontrar la mejor forma de conseguirlo en cada caso. Pero supone esfuerzo y sólo los padres pueden lograrlo.

El hecho de chuparse el dedo, crea una efecto de pinza, entre el pulgar que se mete en la boca por detrás de los incisivos y los demás dedos que se colocan sobre la nariz, traccionando hacia delante. Esta es la forma más habitual aunque también otras veces se introducen otros dedos.

Cuanto más rato se chupe el dedo, más tiempo recibe una estimulación nociva, favoreciendo el desarrollo de un paladar ojival (estrecho y con escaso desarrollo en la zona anterior).

Además, en los incisivos superiores crea una curva inversa y una mordida abierta asimétrica con la huella del espacio del dedo. Siempre que haya una mordida abierta introducirá la lengua para tragar por lo que se agrava el efecto de la succión digital con una deglución atípica.

El resultado será una boca que no funciona, ya que no puede masticar hacia los lados al no contactar los incisivos, y que comerá sólo con los dientes de atrás. Esto generará un desequilibrio en la función que condicionará el futuro de esa boca.