En el recién nacido el tamaño de la cabeza es proporcionalmente mayor que el de la cara, pero esta crecerá más durante la infancia a medida que se vayan desarrollando las fosas nasales y el sistema masticatorio.

Es esencial que se establezca durante el primer año de vida una respiración nasal que desarrollen las fosas nasales y el paladar, que es el alojamiento de los dientes.

La cara crece tanto que el sistema masticatorio es el único que se renueva como órgano. Primero tenemos una dentición de leche adaptada al tamaño de la cara infantil y luego una definitiva con dientes más grandes, para posibilitar la masticación en la cara adulta, que es de mayor tamaño.

Una buena masticación es el ejercicio necesario para el correcto desarrollo de la cara

Para que se produzca ese enorme crecimiento de la cara, el sistema masticatorio necesita una gran estimulación o ejercicio para desarrollarse. Si la boca de los niños funciona bien, la correcta masticación es el ejercicio que generará los estímulos necesarios para un buen desarrollo de la cara. Por este motivo, no hay que creer que “los dientes de leche no valen para nada”, si fuese así la naturaleza no los hubiera creado.

Es importante acudir al dentista a una edad temprana, a los 3 o 4 años, porque si la función de la boca no es buena se está generando un problema de falta de espacio: los dientes definitivos, que aparecen a partir de los seis años, quedarán mal colocados (con un perjuicio estético) y no funcionarán correctamente. Esto puede derivar en patologías de adultos (disfunción articular, trauma oclusal, patología periodontal,..) propias de una boca desequilibrada.

Una correcta masticación favorecerá que la boca se desarrolle de forma natural. En caso contrario será el odontopediatra quien marque las pautas para conseguir una correcta colocación de los dientes. Si esperamos a que el niño haya cambiado todos los dientes, entre los 9 y 12 años, entonces los dentistas intentaremos imitar a la naturaleza con nuestra ortodoncia, colocando los dientes dentro del tamaño que tengan sus huesos, dando una función masticatoria adecuada.

 

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La consulta temprana al dentista puede evitar la ortodoncia

Si hemos hecho la prevención desde pequeños, los huesos se desarrollarán teniendo la capacidad necesaria para acoplar los dientes y podremos prevenir un tratamiento de ortodoncia.